Alocución de Monseñor Ramón Benito Fernández,
obispo auxiliar de Santo Domingo

Al 9º encuentro de Vida Ascendente Internacional en Santo Domingo

 

Los progresos de la medicina han hecho que la vida se prolongue, dando lugar a un aumento del número de ancianos a los que la sociedad hace lugar con dificultad. El Papa Francisco, muy sensible ante esta situación declara que La calidad de una sociedad se mide por el trato que da a los ancianos y por el lugar que les reserva en la vida en común.

Esta prolongación de la vida unida al descenso de la natalidad en los países desarrollados hace que se vea el siglo actual como el siglo del envejecimiento. Este desequilibrio es el gran desafío para la sociedad moderna. Desgraciadamente los ancianos son descartados y se les abandona en la soledad sin atribuirles un papel activo.

Los ancianos son sin embargo la reserva sapiencial del pueblo, reserva que sirve para evitar el adormecimiento de las conciencias. A pesar de ello los ancianos son abandonados y se les visita con una frecuencia mínima. ¡Esto es realmente un pecado!

Esta situación se puede ilustrar con una pequeña historia en la que un padre de familia manda al abuelo a comer a parte y en soledad porque se mancha al comer la sopa. Al volver al día siguiente a casa ve que su hijo esta trabajando con un trozo de madera para construir la mesa donde el deberá comer solo cuando sea mayor. La inocencia del niño representa una conciencia intacta de la justicia.

La tradición de la Iglesia se afianza en la cercanía a los ancianos, tan presentes en las Sagradas Escrituras. Así dice el Eclesiastés: “No te apartes de la conversación de los ancianos, porque ellos mismos aprendieron de la conversación de sus padres: de ellos aprenderás a ser inteligente y a dar una respuesta en el momento justo.”

Bíblicamente, en la vejez se exalta la experiencia y la sabiduría, como una bendición de Dios. El anciano es el hombre venerable, reflejo del anticipo de la eternidad y conquista de la juventud. Santo Tomás asocia la verdadera ancianidad al margen de los años y en conexión con la virtud de la persona.

Con esta mirada y desde la antigüedad, la Iglesia, en el ejercicio de su misión, desarrolla centros asistenciales para la atención a los más débiles, entre los que se encuentran las personas mayores. En el otro extremo, el débil es también el no nacido, al que la Iglesia, hoy más que nunca debe extender su acción protectora.

La consideración del mayor en la evolución de la Iglesia

Es interesante repasar la evolución de la visión del mayor en la Iglesia en los últimos años, antes de entrar en la consideración actual:

  • En el Antiguo Testamento el anciano se simboliza en Dios Padre, pero también se subraya en la figura de Daniel, no por sus muchos años, sino por su sabiduría probada.
  • Pio XII menciona a San Clemente, quien refiere el cumplimiento de los deberes familiares dando el honor debido a los ancianos.
  • Juan XXIII no hace alusión directa a los ancianos, aunque su visión sobre la vejez se encuentra implícita en el tema de la familia.
  • Los padres conciliares solamente se ocupan de la ancianidad en dos apartados (GS, 27 & 66 & AA , 11)
  • Pablo VI invita a revalorizar la importancia familiar para conseguir el bienestar psíquico y moral del individuo, particularmente de los más vulnerables, relegados en cierto modo por una mentalidad que no es conforme con una concepción justa del hombre ni con el espíritu cristiano.

Pablo VI comienza con un sentimiento de cercanía y pondera el apostolado de Vida Ascendente. En su mensaje ante 4.000 delegados del Movimiento en Francia, declaró: “No hay edad alguna de jubilación con eso de cumplir la voluntad de Dios, que consiste en que lleguemos a ser santos …”

Para Juan Pablo I la familia fue una de las prioridades pastorales. Es en su seno, como iglesia doméstica y como comunidad de vida, donde se infunden los valores y donde se sitúa la acción de los mayores.

Juan Pablo II no solamente se ha dirigido a los ancianos, habla a las instancias internacionales, de la actitud cristiana misma sobre su realidad y el envejecimiento de la humanidad. El pontificado de Juan Pablo II ha estado unido permanentemente a la defensa de la familia y de la vida humana (Evangelium Vitae). “El primer brote es tan sagrado como el último suspiro.”

El Consejo Pontificio para los laicos, en el documento “La Dignidad del Anciano y su misión en la Iglesia” profundiza en la problemática de los mayores y sienta las bases para la Pastoral de Adultos Mayores.

Podemos mencionar los ámbitos que mejor se prestan al testimonio y participación de los ancianos en la Iglesia y que no se deben olvidar:

  1. La caridad
  2. El Apostolado. Campo extraordinario de la vida Comunitaria
  3. La Liturgia. Participación en los ministerios laicales
  4. Participación en Asociaciones y Movimientos
  5. En la familia, donde deben transmitir sus valores y servir de puente entre generaciones
  6. Por medio de la contemplación y la oración
  7. En la formación de gentes, despertando vocaciones

El capítulo V del documento “La dignidad del Anciano y su misión en la Iglesia y en el Mundo” responde a las expectativas de su participación valorando el don que representan como testigos de la tradición y de la fe (Cf.: Sal 44,2; EX 12, 26-27), maestros de vida (cf.: Ecle 6, 34; 8, 11-12) y agentes de caridad.

El nuevo catecismo de la Iglesia Católica hablando sobre el cuarto mandamiento (Honrarás a tu Padre y a tu Madre), ilumina las relaciones en la sociedad:

Es cierto que la ancianidad, en su etapa final, está generalmente cercana a la muerte. Pero si la vejez es a partir de los 59 años, como entiende el Derecho Canónico y el propio Catecismo, según la longevidad actual, se tiene una sobrevida de 20 años, este período no debe circunscribirse en el ámbito de la limitación y la enfermedad.

En el año 2.000 se llevó a cabo el Concilio Plenario Dominicano en el que se trataron todos los temas de la vida pastoral de la Iglesia. De este concilio salió un documento final del que destacaremos el siguiente párrafo. El párrafo 1.366 declara que “Se debe prestar una atención especial a los reos que están lejos de su patria; a los enfermos, principalmente a los de sida; a los ancianos; a las mujeres embarazadas y a los más desprotegidos. (cfr.: DSD 180)”

El DOCUMENTO DE APARECIDA es un documento de referencia en el mundo latinoamericano. De este documento, que sería bueno que se conociese a nivel mundial, cabe destacar algunos párrafos que nos afectan:

El párrafo 447 dice “El acontecimiento de la presentación en el templo (cf.: Lc 2, 41-50) nos pone ante el encuentro de generaciones: los niños y los ancianos. El niño que se asoma a la vida, asumiendo y cumpliendo la Ley, y los ancianos, que festejan con el gozo del Espíritu Santo. Niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y sabiduría de sus vidas.

El párrafo 448 reza así: “El respeto y gratitud de los ancianos debe ser testimoniado en primer lugar por su propia familia. La palabra de Dios nos interpela de muchas maneras a respetar y valorar a nuestros mayores y ancianos. Incluso nos invita a aprender de ellos con gratitud, y acompañarlos en su soledad y fragilidad.” La frase de Jesús “a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis” (cf.: Mc 14,7) bien puede entenderse por que forman parte de cada familia, pueblo y nación. Sin embargo, a menudo son olvidados los ancianos o descuidados por la sociedad y hasta por sus propios familiares.

El párrafo 449 declara “Muchos de nuestros mayores han gastado su vida por el bien de su familia y la comunidad, desde su lugar y vocación. Muchos son verdaderos discípulos misioneros de Jesús por su testimonio y sus obras. Merecen ser reconocidos como hijos de Dios, llamados a compartir la plenitud del amor, y a ser queridos, en particular, por la cruz de sus dolencias, la capacidad disminuida o la soledad. La familia no debe mirar solo las dificultades que conlleva el convivir con ellos o el atenderlos. La sociedad no puede considerarlos como un peso o una carga. Es lamentable que en algunos países no haya políticas sociales que se ocupen de los mayores ya jubilados, pensionados, enfermos o abandonados. Por tanto, exhortamos a elaborar diseños de políticas sociales justas y solidarias que atiendan a estas necesidades.”

El párrafo 450 declara que “La Iglesia se siente comprometida a procurar la atención humana integral de todas las personas mayores, también ayudándolas a vivir el seguimiento de Cristo en su actual condición e incorporándolo lo más posible a la misión evangelizadora. Por ello, mientras agradece el trabajo que ya vienen realizando religiosas religiosos y voluntarios, quiere renovar sus estructuras pastorales, y preparar aún más gente, a fin de ampliar este valioso servicio de amor.”

La actividad de Vida Ascendente en el campo de la formación podría servir como eje entre países para la generación de nuevos agentes y elaborar así un plan global unificado de capacitación y formación.

La estructura del apostolado en la República Dominicana: El Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE)

Por su implicación en el apostolado de la persona mayor, expondremos seguidamente algunos aspectos de la misión y organización de este consejo.

Este consejo, creado mediante la ley 352-98, es la entidad responsable de diseñar, ejecutar e implementar las políticas nacionales para las personas mayores. El CONAPE tiene como misión garantizar los derechos fundamentales de los adultos mayores a través de la implantación de políticas públicas integrales, con un nuevo concepto de atención y promoviendo un cambio de paradigma hacia un envejecimiento activo, productivo, participativo y protegido en la República Dominicana. Sus valores son la Solidaridad, la Transparencia, La Equidad, el Compromiso y la Tolerancia.

Actualmente, según los datos estadísticos de la ONE 2010, existen alrededor de 1.058.000 adultos mayores en la República Dominicana. Las proyecciones de crecimiento del adulto mayor se elevan a un 20% para el año 2.050, esto es debido a una natalidad moderada acompañada de una mortalidad también moderada debida a la mejora de la calidad de vida.

Este crecimiento trae consigo un adulto mayor diferente, con nuevas demandas de servicios especializados en los ámbitos de la justicia, del liderazgo familiar, de la salud, de la tecnología y de los derechos políticos. Por este motivo, se ha iniciado un proceso de fortalecimiento de los centros de atención a personas mayores en el País, implantando el nuevo paradigma del adulto mayor en la República Dominicana.

Las medidas prioritarias en esta nueva misión son las diez siguientes:

  1. Centralizar las residencias de adultos mayores, hogares de día y programas de salud dirigidos a los envejecientes.
  2. Coordinar nuevos proyectos para ampliar los servicios de atención y protección
  3. Contratar una red de cuidadores que, por primera vez atenderá de forma gratuita a las personas mayores en sus hogares.
  4. Crear instancias para dar acogida a los adultos mayores en situación de pobreza extrema.
  5. Fiscalías especializadas en Violencia contra el Adulto Mayor.
  6. Lanzamiento de tres servicios en línea de acogida. Info-alfabetización, Denuncia del maltrato y República Digital.
  7. Inclusión del adulto mayor en el Expediente Integral de Salud (EIS), con 6.000 adultos mayores registrados en el mismo.
  8. Lanzamiento del programa “SENASA CUIDA DE TI” para expandir la red de visitas domiciliarias a adultos mayores
  9. Creación de un centro modelo en Ciudad Juan Bosch, próximo a inaugurarse.
  10. Ordenar el proceso de adhesión a la convención americana de protección de derechos humanos de las personas mayores.

 

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