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VIVIMOS CON JESÚS, QUE RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

Vemos que muchos hombres, mujeres y niños sufren cruelmente en sus vidas. Las causas de esto sufrimiento son diversas y numerosas.

Sin embargo, gran parte proviene del comportamiento de la propia humanidad.

El espíritu del mal siempre está presente. Con Jesús, lo combatimos. Porque el mal no solo está en los demás, sino también dentro de nosotros. De ahí la necesidad de trabajar constantemente en nuestra conversión.

A veces nos encontramos con personas desanimadas y, como se suele decir, desesperadas. Organizaciones, personas maravillosas y nosotros mismos hacemos lo que podemos para ayudarlas.

En un contexto diferente al nuestro, Jesús se enfrentó a esta miseria y sufrimiento y luchó contra ellos.

Además, él mismo sufrió injustamente sin recurrir a la venganza ni a la violencia.

Lo que Jesús padeció fue consecuencia del pecado humano. Llegó al límite de sus fuerzas y murió por él. Confiando en el amor incondicional de su Padre, Jesús resucitó.

El amor de Dios siempre triunfa sobre el pecado y la muerte. Esta es la fe que celebramos durante la Semana Santa y la Vigilia Pascual.

Hermanos y hermanas, apoyémonos mutuamente en la oración y la fe.

Jesús inspira nuestra perseverancia.

¡Felices Pascuas!

Mons. + Christian Nourrichard